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Los pobres no son perdedores

El desarrollo del país en general y la superación de la pobreza en particular depende de nuestra visión de la realidad. Visión que subordina en la práctica las decisiones políticas, la configuración y los resultados de los programas y proyectos. El análisis de esta visión, dejado de lado en las discusiones cotidianas centradas en lo detalles y costos de los programas y proyectos, arroja una nueva luz sobre el éxito o la limitación de las políticas públicas

A manera de modelos simplificados, o modelos ideales de Max Weber, para facilitar el análisis, veremos dos formas que tienden a prevalecer en la visión de los políticos, más allá de los discursos formales, que orientan y definen las políticas públicas:


Dos visiones en cuanto a la inversión

  1. Se concibe el desarrollo como resultado de las decisiones de los inversionistas externos o internos, donde el Estado debe limitarse a dar las facilitades para su operación.

  2. El Estado debe facilitar la inversión, pero estimular aquella que genera encadenamientos y desarrollo local y regional

Puede citarse como ejemplo de la primera la atracción de inversiones en Costa Rica, con estímulos de infraestructura y exenciones fiscales sin más requisitos que instalarse y hacer la inversión. Como en el caso de INTEL y las inversiones turísticas iniciales.

Contrasta este ejemplo con la política israelí de darle, por una parte, las mismas facilidades, eso sí con la condición de encadenar en el mediano plazo su actividad a la economía local.

En el caso del turismo dentro de nuestro país encontramos que recibieron, en la etapa inicial estímulos fiscales todas las inversiones, tanto las que encadenaron su actividad generaron empleos y cultura locales como el sonado caso del Hotel Punta Islita y comunidades como la Fortuna Puerto Viejo de Limón, como también las inversiones promotoras de casinos, y otras actividades desintegradoras del tejido social e incubadoras de delincuencia.


En cuanto a la política social más allá de la educación, la salud y los programas de asistencia para quienes no pueden valerse por sí mismas

  1. La pobreza es un problema individual de “perdedores” esto es de personas sin iniciativa que requiere atención del Estado para mitigar e impedir que crezca un descontento que pueda amenazar la estabilidad política. La promoción, cuando existe debe realizarse sobre las personas en programas dirigidos por funcionarios institucionales

  2. La pobreza se deriva de la falta de acceso a la propiedad y a las oportunidades de capacitación organizacional y técnica y de una educación adecuada a la época. Los pobres que están bien de salud y en edad productiva, pueden si lo desean, integrarse a procesos de capacitación organizacional que los habiliten para participar, directa o indirectamente, como protagonistas de su propio desarrollo.

Ejemplo de lo primero es la aplicación de la política social en nuestro país, que antes de la pandemia que la incremento considerablemente la pobreza, estaba estancada en el 20% desde el año 2000. Contrasta este estancamiento con la reducción de la pobreza en Uruguay, en ese mismo período, del 20% al 7%, gracias a un sistema descentralizado y con evaluaciones en que participaba las comunidades.

El caso del Hospital sin Paredes donde 160 comunidades rurales pobres se organizaron para alcanzar la salud y el bienestar de manera exitosa es un ejemplo junto el de las cooperativas rurales, de que cuando se cree en el potencial de la gente y se les incorpora activamente al desarrollo la gestión pública es eficiente y no costosa.

En otras palabras, la función del Estado no es de un interventor que resuelve a través de la burocracia los problemas públicos, sino de un canalizador y promotor de la energía de las empresas y comunidades en la resolución y potenciador de nuestras capacidades.

La visión de los políticos y las exigencias de las redes de poder clientelistas es la que condiciona el diseño y los resultados de las políticas públicas. Este es el tema que debe ser discutido a fondo. Un Estado que estimula la incorporación de las comunidades y fuerzas sociales al desarrollo, promoviendo sus capacidades organizacionales y técnicas o un Estado burocrático que alimenta las redes de poder clientelares.


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