• Prisma Latinoamérica

¿Qué sentís cuando escuchás Latinoamérica?

Actualizado: 12 nov 2021

En el segundo que pronunciamos “Latinoamérica”, logramos escuchar su ritmo, ver sus colores, oler sus bosques y sentir su gente, pero también sus contradicciones. En un segundo, una sola palabra se convierte en una dicotomía que nos enfrenta con un espíritu vibrante, pero profundamente herido a la vez. Y parece que no nos parece preocupante el cuento tradicional que nos ubica como una de las regiones con mayor riqueza del mundo y la más desigual y excluyente, sobre todo con aquellos quienes representan nuestros orígenes ancestrales. ¿Pero quién es el culpable?


Es fácil asimilar los argumentos que señalan nuestros “rasgos culturales” como los culpables de la incapacidad de dinamizar la economía local e incorporarla a la globalización. Estas visiones reduccionistas y racistas evocan la omisión de las raíces históricas de la conquista, donde desde entonces, se diseñaron los sistemas políticos que apelan a la protección y expansión del patrimonio de “familias políticas” que disponen de nuestras arcas públicas como si fuesen bienes personales y estratégicamente nos alejan de la verdadera identidad, esa que sería fortaleza y defensa que ponga en riesgo los intereses patrimoniales.


Entender nuestro origen, no responde la pregunta ¿Quién es el culpable?, p Pero sí perfila un pensamiento nuevo donde las oportunidades de incorporación al desarrollo socioeconómico para Latinoamérica se ven en el horizonte y ya no responsabiliza personas, si no sistemas. Asimilemos nuestras causas históricas, abracemos nuestra diversidad cultural, apropiémonos de nuestras fortalezas naturales, geográficas y sociales e integremos una línea de pensamiento colectivo en pro a la transformación de la política de nuestra región, incidamos estratégicamente en la necesaria relación horizontal entre sociedad civil y estado que fortalecerá nuestras democracias. Limpiemos las culpas y actuemos sobre los orígenes sistémicos del rezago latinoamericano, evitemos creer en los discursos tradicionales de buenos contra malos que nos distraen del origen y apuntan hacia las causas aparentes.

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