Como el hombre llegó a ser gigante

Todo el mundo tiene que sacrificarse de vez en cuando en el altar de la estupidez - Albert Einstein

Hace unos días, en un foro internacional de discusión sobre varios temas en el cual suelo escribir sobre tramas poco trascendentales, nombré un libro que quizás nadie conozca, pero que para un niño de 12 años que soñaba con galaxias junto a mi prima María Luisa Ruiz, subidos en un limonero, cuando corrían sin prisa los 1950s, desconociendo con exactitud que sería tal cosa, este libro me introdujo en un tema para el que no tenía ninguna formación, mi maestra me cortó de golpe diciendo no sé, el cura párroco, español y conservador a ultranza, me dijo que eso era pecado y citó a Santo Tomás de Aquino y la parábola del niño tratando de sacar el agua del mar; mi madre también habló de pecado y de la parábola del canasto siendo llenado por agua, mi padre sonrió un poco y me dijo, es tan poco lo que sabemos y tanto lo que ignoramos, para agregar a continuación un poco confundido, papacito creo que debemos buscarte algo más que hacer.


De esa anécdota saqué dos conclusiones, una, la más triste de todas, era mejor no confiar en los adultos; dos, la mejor de todas, entre tan poco sentido común prevaleciente en el mundo, en mi familia había una dosis un poco mayor de este, no me prohibieron la Biblioteca Pública, sólo me pusieron un mote, Trino Marín, pudieron haberme apelado Mark Twain o mucho mejor Calufa Fallas, quizás pensando que, comparándome con ese oscuro personaje, asiduo lector, alcohólico y pordiosero pensaría un poco mejor la cosas.


Bueno, pero aún no he mencionado el libro, COMO EL HOMBRE LLEGÓ A SER GIGANTE, escrito por una pareja Ilya Marshak y como coautora Elena Seagal, quienes contaron con la colaboración de los ilustradores A. Komarov y A. Furman.


El libro fue publicado en su primera edición en el año 1942 y la última en 1996, su relato se centra en la historia de la evolución biológica y sociológica del hombre, presentada con gran amenidad en una forma novedosa y veraz; El recorrido que hace el libro empieza remitiéndonos al periodo cronológico del pleistoceno (desde hace 2,6 millones de años hasta hace 11.600,0 años) donde, se creía entonces que había aparecido por primera vez este mono desnudo apelado por esos tiempos con el mote de, antropoide homínido.


Desde ese punto temporal, el inicio del Pleistoceno hasta el desarrollo moderno del homo sapiens, narra el apasionante viaje retrospectivo por la supervivencia del ser humano. La primera parte del viaje nos habla de cómo el hombre pudo y supo salirse de la jaula invisible (la naturaleza), que lo tenía sujeto a un determinado campo de movimiento y de acción.


Nos habla de los antepasados del hombre; de las huellas que han dejado en cada lugar que habitó y que hoy en día son motivo de estudio por parte de los geólogos, arqueólogos y demás personas interesadas y especializadas en el tema.


De la enorme resiliencia de la especie y de todas las adaptaciones culturales y de apariencia física que hubo de hacer para resistir sobre todo al frío, a los cambios climáticos y la solución que les dio a estos.


La construcción de vivacs, aprovechando cuevas, riscos, terrazas, voladizos de roca, haciendo palafitos sobre el agua, albergues de piel y huesos, de ramas y de hojas, de excremento de rumiante y hierbas, incluso de hielo.


La difícil y complicada tarea de los científicos que después de cientos, miles o millones de años, tratan de encontrar un relato creíble, sustentado en pruebas científicas avaladas por pares y el enorme valor que estos tienen para presentar al mundo una historia discordante del discurso oficial creacionista.


Este libro cambió mi vida, mis padres, a pesar de las burlas y comparaciones con Trino Marín de mi madre, apoyaban mi tiempo dedicado a la lectura, poco sabía ella que leía, pero algo tenía claro, no era la biblia ni la colección de vidas célebres de santos y otros pienses.

Hay que tener claro, ya en ese entonces ocurría, que el ruso Ilya Marshak debió anglificar su nombre para poder publicar en occidente, que en 1942 las publicaciones de los descubrimientos de los Leakey en la Garganta de Olduvay, en el gran valle del Rift en Tanzania aún no se hacían, que sus descubrimientos, por muy prometedores que fueran no estaban más que en embrión, que todo lo que sabemos ahora, en ese entonces nos era desconocido.


Pero este espléndido ser humano, estaba dispuesto a armar con lo que tenía como cierto, una historia coherente y creíble sobre el desarrollo de un simio especial, que al elegir vivir en la sabana y bajo los árboles y no sobre ellos, construyó el legado cultural y genético que compartimos todos sus descendientes, los que han quedado en las primeras páginas del libro de la historia y los que seguimos escribiendo las últimas páginas, con todos nuestros errores, aquí estamos aún.


Hoy, COMO EL HOMBRE LLEGÓ A SER GIGANTE, es sólo un hito en la literatura, libros que se rematan según su estado hasta en USD 150,00 o más aún. Pero su legado transformador de jóvenes fue enorme, tuvo al menos la virtud de transformar a un niño de 12 años en un ser pensante, que avanzaría intelectualmente, mucho más lejos de lo que su rígida formación religiosa se lo permitiría.

Hoy conocemos todavía una historia parcial, tenemos por cierto que el desarrollo de nuestra especie dio inicio en la sabana africana de hace 7 millones de años, conocemos con certeza a algunos de los actores de esta dura ya a veces trágica historia, a algunos otros de esos valientes exploradores e innovadores trotamundos los vamos a conocer tarde o temprano, otros murieron para siempre, pero su aporte está para bien o para mal aquí en nuestra genética.


Gracias Ilya Marshak por habernos mostrado la senda a seguir.


El Real de las Álvarez.

La Corona, Pacífico Central.

Costa Rica.


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