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Latinoamérica enfrentada al siglo XXI

A mediados del siglo XX el sur de Asia, comparado con Latinoamérica, tenía una débil economía mercantil y muy bajo ingreso per cápita.


60 años después, las cosas han cambiado; los países asiáticos han tomado la delantera y hoy en día Latinoamérica es la rezagada y por mucho. ¿Qué fue lo que precipitó este cambio? Las reformas agrarias en todos esos países, propiciadas, incluso por los Estados Unidos en el Japón, Corea del Sur y Taiwán, estimularon el desarrollo del mercado interno a lo que se sumaron las inversiones en educación de toda la población inspiradas en la filosofía de Confucio.


Aunque muchos factores de diverso tipo han influido en este resultado, es evidente que la activación de los mercados internos estimulados por las reformas agrarias empoderó amplios sectores de población y facilitó la educación, la formación técnica y la capacidad organizativa. Una mezcla de factores que crearon, con el tiempo, un terreno favorable para el ajuste de las estructuras de poder tradicionales y la puesta en marcha de políticas de desarrollo incluyentes.


Una base social organizada habilita las repúblicas

En Latinoamérica si bien tenemos repúblicas que formalmente deben operar con pesos y contrapesos, para garantizar un buen gobierno, esto no es así porque fuera de muy limitadas excepciones, la base de excluidos no lo permite. El modelo de estado republicano no puede imponerse mecánicamente sin analizar los equilibrios económicos y las relaciones de poder internos. Debe gozar de una base social consolidada económica y organizacionalmente para que lo construya.


La república norteamericana, que sirvió de modelo, partió de una sociedad muy diferente a la latinoamericana. En primer lugar, desde la colonia era una sociedad mercantil con experiencia en organización empresarial, que traía tradiciones de autogobierno. Si bien existían diferencias de ingreso y oportunidades, estas no eran abismales y podían darse alianzas de grupos de interés, donde los más débiles podían contrapesar la influencia de los más poderosos.


Mientras que en América Latina cuando se da la independencia los criollos asumen el poder, pero los indígenas, mulatos, mestizos y esclavos africanos quedan fuera del poder económico y por ende político. Además, heredamos el centralismo administrativo colonial basado en monopolios, que exigía permisos gubernamentales para la actividad económica y la restringía a los grupos de poder.


En este contexto de exclusión económica y social, las nuevas repúblicas lo han sido solo de nombre. Las grandes mayorías en la mayor parte de los países se han convertido en ciudadanos nominales y el “equilibrio” de poderes no opera por carecerse de políticas de inclusión.


A raíz de la Revolución Cubana, los Estados Unidos vieron como una amenaza para la estabilidad política la desigualdad en la distribución de la tierra en América Latina, que es la mayor en el mundo. Para mitigar la amenaza de las guerrillas y promover el mercado interno propusieron un programa de Reforma Agraria, dentro del fondo “Alianza para el Progreso.

Este fondo se estableció con un presupuesto de US $20.000 millones de la época, una suma astronómica traducida en dólares contemporáneos, como respuesta a la Revolución Cubana. Solo que dicha Reforma estaba a cargo de los gobiernos que mantenían el sistema social excluyente originario. Fuera de algunos casos como en Honduras en la década siguiente donde la organización campesina logró formar más 1000 empresas asociativas, que evitaron una guerra agraria en los 80, a pesar de que hoy, por otras razones, se haya convertido en un estado fallido. En otros países los fondos se utilizaron para comprar tierras alejadas y sin servicios, donde refundieron en rincones alejados a los campesinos sin tierra.


Terrenos que eran comprados a políticos locales, a menudo a precios muy elevados, para revendérselos a los campesinos, quienes por la falta de caminos y servicios no podían pagarlos.


Dejar estos fondos en manos de los políticos era “poner al diablo a repartir escapularios” y duraron menos que una cajeta en la puerta de una escuela. Experiencia de la cual aprendieron los norteamericanos y hoy no confían en los gobiernos para detener la inmigración.


En otras palabras, la llamada reforma agraria, fuera de excepciones donde la organización campesina era fuerte y no fue reprimida como subversiva, no logró otorgar el poder económico buscado que estimulara fuertemente los mercados regionales. Por otra parte, la política educativa fuera de algunos casos, siguió dejando por fuera a los excluidos de toda la vida.


Sin una nueva visión de sistema, que elimine la exclusión social no hay repúblicas

De tal manera el atraso y la corrupción no son un problema de personas solamente, como se percibe a primera vista por sus efectos, sino de un sistema articulado que requiere transformaciones de fondo. El primer paso es salir de la visión individualista, que sugiere que cambiando las personas se acaba el problema y analizar el sistema como tal y cómo éste reproduce la corrupción. Si por el contrario ubicamos la exclusión social, la falta de oportunidades educativas y de organización podremos propiciar soluciones que generen oportunidades educativas modernas y capacidad organizativa empresarial y cívica para incorporar activamente a los excluidos. Esta es la base para una reforma institucional, que descentralizando la gestión pública establezca controles ágiles sobre resultados y que permita responsabilizar a quienes no hacen bien su trabajo, o meten la mano en la hacienda pública.


Las soluciones sistémicas no son recetas mágicas; requieren de un proceso de ruptura con los círculos viciosos, al mismo tiempo que construyen círculos virtuosos con soluciones que demuestren que es posible solventar los problemas con organización y controles. Es un proceso inicialmente lento, pero acumulativo, donde hay que empezar demostrando que es posible hacer las cosas de otra manera, para tener la autoridad y el respaldo de avanzar con velocidad.


¿Tendremos visión y voluntad para hacerlo o preferimos seguir con el engaño de los “mesías salvadores” mientras el narcotráfico se afinca cada vez más en la región aproximándonos a una era de violencia?


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